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ROAKS - CAP03a - El Encinar de los Reyes, S.A.


EL ENCINAR DE LOS REYES, S.A.

En febrero de 1956, el llamado Grupo Militar Conjunto Americano convocó un concurso para la construcción de viviendas destinadas exclusivamente al alojamiento del personal de la United States Air Force (USAF) destinado en las bases de Madrid y Zaragoza, que se denominó «Alojamientos de familias de los miembros de las Fuerzas Aéreas norteamericanas residentes en España». El concurso planteaba un sistema en el que los terrenos, las viviendas y los servicios comunes eran financiados y construidos inicialmente por un promotor español para ser ocupados por la USAF en régimen de alquiler durante un período inicial de siete años, prorrogable o cancelable, que luego se amplió a 35 años. Por este motivo, en el concurso participaron empresas españolas capaces de dar una respuesta conjunta a los requerimientos de propiedad del suelo, capital de inversión, equipo técnico, urbanización, arquitectura, etc. El Grupo Americano fijaba el número de viviendas, sus características tipológicas y constructivas, y el presupuesto, y evaluaba las propuestas mediante un jurado compuesto por miembros estadounidenses. “El Encinar de los Reyes, S. A.”, fue el caballo ganador.

Ernesto Koplowitz había fundado en 1955 la inmobiliaria El Encinar de los Reyes, S. A., presidida por Miguel Ardid Gimeno, futuro consuegro de Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde, tras la boda, veinte años después, de su hijo Rafael con Mariola, la segunda nieta del Caudillo en 1974. Miguel Ardid Gimeno presidiría también la financiera COVIFISA, que participaba en la sociedad. Rafael era nieto de un general del ejército republicano que defendió Madrid y que fue represaliado. La suerte de su familia cambió cuando a su padre, Miguel, le tocó el premio gordo de la lotería. Invirtió el premio en el sector de la construcción y así puso los cimientos de su fortuna, que también estuvo relacionada por amistad y negocios con el banquero Ignacio Coca.

Días después de la primera junta de accionistas, el abuelo Gándara leía satisfecho un gran anuncio a página completa en el ABC de Madrid (23-05-1957, página 7):

«Dos ciudades residenciales una en Madrid y otra en Zaragoza, de porvenir garantizado, en marcha. En Madrid, quince millones de pies de terreno sobre la carretera de Francia y a siete minutos de la plaza de la República Argentina. En Zaragoza, tres millones y medio de pies de terreno sobre la carretera de Logroño y a cinco minutos de la plaza de La Independencia. Terrenos ambos propiedad de la Empresa y que incluyen un sobrado margen de posibilidades para futuras construcciones.
HASTA EL MOMENTO:
12.000 metros de red de carreteras
20.000 metros de red de distribución de aguas
14.000 metros de red de alcantarillado
2.000 metros cúbicos diarios de agua contratados en Madrid con el Canal de Isabel II
400 metros cúbicos contratados en Zaragoza
6.600 kilovatios de potencia contratados en Madrid con Unión Eléctrica Madrileña
1.500 kilovatios contratados con Eléctricas Reunidas de Zaragoza
1.200 teléfonos
Chalets para 1.024 viviendas, construyéndose a ritmo acelerado.

125.000 metros cuadrados de superficie útil, con 1.024 instalaciones de calefacción y 2.122 cuartos de baño.
1.024 familias norteamericanas inaugurando, en los comienzos del año 1958, las ciudades propiedad de EL ENCINAR DE LOS REYES, S. A. según contrato de arrendamiento, que garantiza por siete años el Gobierno de los Estados Unidos.

Una población de 5.500 habitantes de gran poder adquisitivo, a la que vamos a dotar de todas las facilidades, comodidades y entretenimientos de las ciudades modernas.

LOS COMERCIANTES E INDUSTRIALES INTERESADOS EN LA EMPRESA DE EL ENCINAR DE LOS REYES, S. A. QUEDAN INVITADOS A COLABORAR EN ELLA

En los centros comerciales y en las zonas deportivas de las ciudades residenciales de Madrid y Zaragoza, propiedad de El Encinar de los Reyes, S. A. van a montarse las siguientes instalaciones:
Pescadería- Carnicería- Huevería y Pollería- Mantequería- Vinos y Licores Pastelería- Farmacia- Droguería- Perfumería Peluquería Señoras- Peluquería Caballeros- Tinte y Planchado- Lavandería- Camisería- Modas- Objetos para regalo Laboratorio y accesorios fotográficos- Estación de servicio y reparación de automóviles- Muebles y menaje de casa- Cafetería- Restaurante Sala de Cine- Oficina de Turismo- Oficina y venta de localidades para espectáculos- Bolera- Gimnasios- Piscinas- Campo de tenis- Campo de base-ball- Otros deportes.

Conozcan con detalle nuestros proyectos.

VISITEN NUESTRAS OBRAS EL ENCINAR DE LOS REYES, S. A. – Avenida de América, 18- Teléfono 35 34 47- Diego de León, 33. Teléfono 36 76 27»

A principios de junio de 1958, antes de que los accionistas se fueran de vacaciones al norte, se convocó la junta de accionistas. El año había sido movido para el consejo, pues ciertas maniobras habían dificultado la financiación de un total de 1.088 viviendas. La solución para la construcción de estas viviendas pasaba por un programa de pago en garantía, gracias al cual el Gobierno de los Estados Unidos adelantaba a la empresa el 67 % de los alquileres correspondientes a siete años. Parte de este capital se entregaba en dólares y parte en pesetas (obtenidas por el Gobierno norteamericano mediante la venta a España de productos agrícolas estadounidenses). Con ese dinero se podría realizar la construcción de las viviendas y se garantizaría su ocupación durante esos años. Finalmente, se consiguieron solventar las dificultades financieras sin gravamen hipotecario, manteniendo el mismo capital de la sociedad y siendo la constructora la propietaria.

No obstante, con la subida de precios desde 1956, el coste final aumentó considerablemente, pasando de 400 millones de pesetas a 700. Después de varias discusiones con la Fuerza Aérea, también se pudo subir el alquiler un 23 %. Una vez terminadas las obras, se le concedió a El Encinar S.A. el contrato de mantenimiento de las viviendas, por el que iría reembolsando parte de la inversión realizada. Pocos años más tarde, el personal estadounidense declaró no estar satisfecho con dicho mantenimiento y le retiró el contrato, por lo que la empresa se quedó sin ingresos que cubrieran los gastos ya realizados. Ante la posibilidad de la bancarrota de la empresa y la mala prensa que esto habría causado a la Aviación americana, se buscó por todos los medios llegar a algún acuerdo financiero y, finalmente, se consiguió prolongar los contratos con la empresa y mejorar las condiciones.

La junta del verano de 1959 ya fue espectacular. Se repartió un 5 % en metálico por cada acción, las reservas se constituyeron en forma de nuevas acciones y se realizó una ampliación de capital. El hecho de que la Sociedad “tuviera en propiedad dos ciudades con las máximas comodidades y equipadas con los servicios más modernos, terminadas y ocupadas por las familias norteamericanas”, daba una gran confianza sobre el futuro de la empresa y su gran estabilidad. Y eso era solo el comienzo, ya que la finalización de la construcción y el remate final solo habían permitido una ocupación parcial, cuyas rentas los americanos habían negociado lógicamente y presionado para acabar todo de una vez y no tener que andar saltando por calles cortadas, montones de ladrillos y aguantando a los alicatadores para acabar la cocina y los baños.

Posteriormente, en 1961, hubo complicaciones en los pagos que los estadounidenses debían hacer a la empresa propietaria de las viviendas. Al tener la entidad un gran número de accionistas y partícipes (alrededor de dos mil), muchos de ellos con papeles destacados en la sociedad española, cualquier problema podía llegar a tener resonancia pública y un notable impacto en los medios de comunicación, pero finalmente se solucionó.


 

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