ROAKS - CAP03c - Vecinos de La Moraleja
VECINOS DE LA MORALEJA
José Luis Ussía, conde de los Gaitanes, en 1949 cedió a las religiosas de Las Esclavas una parcela de 45000 m² de uso dotacional en una de las urbanizaciones que sería la más cara de España. Con la condición de que emplearan el «regalo» para mantener el culto religioso en la zona, también corrió con los gastos de construcción del convento. Con los años, las monjas fueron envejeciendo y, en 2018, Juan Ussía, bisnieto del conde que hizo la donación, confirmó que la congregación religiosa había recibido una oferta de alrededor de siete millones de euros por los 23000 metros cuadrados de parcela que aún eran de su propiedad; el resto lo vendieron hacía años a Juan Luis Cebrián, conocido periodista, y obtuvieron unos ingresos superiores a los cinco millones de euros. Afortunadamente, el pelotazo se detuvo gracias a los vecinos y a los herederos, y el Arzobispado actualmente alquila el convento, que sigue en pie, y la iglesia sigue abierta al culto.
Antonio García había formado hacía años una constructora con su suegro, JOTSA. En 1969, el conde de los Gaitanes, buen amigo de Antonio, le ofreció la compra del 95 % de las acciones de Nueva Inmobiliaria Española, S. A. (NIESA), la sociedad dueña de los terrenos de lo que hoy es La Moraleja. La oportunidad era única: urbanizar una finca privada de más de 1000 hectáreas. Constituida formalmente en 1934, comenzó a segregar y vender algunas parcelas de la finca. En 1946 se presentó el primer plan de ordenación como núcleo urbano residencial en la zona que actualmente se conoce como Zona Centro. Posteriormente, a mediados de la década de 1950, se segregaron 80 hectáreas de las 1150 que componían la finca, lo que dio lugar a El Encinar de los Reyes. Antonio García tenía claras dos cosas: que la ciudad de Madrid se desarrollaría urbanísticamente hacia el norte, lo que le ofrecía una clara oportunidad de negocio, y que no podía hacer frente solo a un negocio inmobiliario de tal magnitud. Para ello, realizó la compra en nombre de la sociedad Prosa con la ayuda de la compañía belga Tractebel y la constructora Vías y Construcciones. La operación rondó los 4,2 millones de euros. El tiempo le dio la razón: las parcelas que se adquirieron por seis millones de pesetas (36.000 euros) valen hoy en día más de un millón de euros. Vendieron parcelas de 10.000, 2.500 —la mayor parte— y 1.500 metros cuadrados.