ROAKS - CAP04a - Carrero y Acevedo
CARRERO Y ACEVEDO
Carrero y Acevedo, sus jefes, llevaban en aquel despacho desde hacía treinta años. En 1941, Luis Carrero Blanco fue nombrado por Franco subsecretario de la Presidencia del Gobierno, cargo que podría describirse como el chico para todo del dictador. Más que de un poder institucional, Carrero gozaba de una gran influencia sobre Franco, como lo demuestra su permanencia en puestos de colaboración directa con él: diez años como subsecretario, dieciséis como ministro, siete como vicepresidente y, al año siguiente, seis meses como presidente del Gobierno.
La especial posición política de Carrero en el régimen se pone de manifiesto en el hecho de que era él quien presidía los llamados «Consejillos», preparatorios del Consejo de Ministros, que se celebraban los miércoles en la Sala de Tapices de aquel edificio de la calle Castellana, número 3. A los «Consejillos» acudían los propios ministros y en ellos se cerraba la mayor parte de los asuntos que serían formalmente aprobados en la reunión del viernes presidida por Franco.
Su ascenso fue bastante circunstancial. Tras la guerra, redactó un informe para el ministro de Marina sobre la Segunda Guerra Mundial, en el que, sin ocultar su simpatía por el Eje, propuso, en sintonía con la mayoría de la cúpula militar —alentada por sustanciosos pagos aliados—, posponer la entrada de España en el conflicto. Franco le preguntó al ministro si lo había escrito él, cosa que dudó debido a sus conocidas limitaciones, y este le presentó al autor real del informe. Unos meses después, en mayo de 1941 y tras la primera crisis del régimen, provocada por los enfrentamientos entre militares y falangistas, Carrero Blanco, con treinta y seis años, fue nombrado jefe del Estado Mayor y subsecretario de la Presidencia.
Luis Acevedo fue el secretario de Carrero desde sus tiempos más antiguos. Entregó sus objetos personales a la familia después del atentado, de su despacho del Palacio de Villamejor, aunque alguien se llevó documentos y anotaciones oficiales que nunca reaparecieron.