ROAKS - CAP06 - El dios del pasado y el futuro, el viejo y el joven: JANO
El dios del pasado y el futuro, el viejo y el joven:
JANO
El archivo JANO era un archivo de información creado por orden del comandante San Martín dentro del Servicio Central de Documentación (SECED). Su nombre proviene del dios romano Jano. En la mitología romana, era el dios de los comienzos, las transiciones y los finales. Su simbolismo estaba profundamente ligado a las puertas, los umbrales y los pasajes, tanto físicos como metafóricos. Representado con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro, Jano encarnaba la dualidad del tiempo y la capacidad de ver simultáneamente lo que fue y lo que está por venir. Obviamente, su contenido abarcaba tanto a quienes ya formaban parte del pasado del régimen y podían tener algún futuro, como a quienes podían formar parte de este.
Quienes lo conocen lo describen como un «fichero gigantesco» con más de 15.000 nombres, aunque el volumen real se desconoce, y que se actualizaba diariamente, incluso en horario nocturno. Para su funcionamiento, se instaló equipamiento moderno, incluidos armarios metálicos compactos para acceder rápidamente a los expedientes mecanografiados, con la proverbial eficacia que se remontaba a los tiempos de Felipe II. Al introducir cualquier indicador, como edad, profesión, cargos o lugar de residencia, en las terminales se podían obtener rápidamente los nombres y la ubicación del expediente completo en los armarios.
La finalidad principal de este archivo era saber «quién era quién» en la vida nacional ante la anticipada transición política. Su objetivo era recopilar datos sobre personas que, por sus circunstancias políticas, intelectuales, artísticas, económicas, sociales o de cualquier otra índole, pudieran ser de interés, ya fuera por posibles actuaciones subversivas o para su utilización positiva en el futuro. La selección de estas personas se basaba en su actuación política, tanto presente como futura, ya fuera de apoyo o de oposición. La mayoría de la información correspondía a personas consideradas como figuras de futuro: individuos que, por sus profesiones, interés en la política o relaciones sociales, parecían idóneos para sustentar ciertas bases ante la evolución política.
De hecho, se celebró una reunión sobre «Ordenadores para la Defensa» que influyó en la elección del equipo informático destinado a dar servicio al SECED y a la Tercera Sección del AEM.
La información que alimentaba el archivo JANO provenía principalmente de cuestionarios, reseñas de entrevistas, noticias de fuentes propias y ajenas al servicio, y del examen detallado de la prensa y anuarios, tarea que llevaba a cabo el Gabinete de Lectura. Si bien algunas fuentes externas lo describen con tintes de secretismo extremo e investigaciones intrusivas, otra perspectiva indica que gran parte de la documentación personal era suministrada por los propios interesados. Algo que luego inventarían las redes sociales.
El archivo JANO prestó numerosos servicios a diferentes áreas del SECED y a otros departamentos y entidades públicas durante la Transición. Su utilidad fue significativa en la selección de nuevos cargos públicos y en el seguimiento de la gestión del cambio político. La sección del archivo dedicada al terrorismo llegó a ser particularmente valiosa, hasta el punto de que la Guardia Civil solicitó el apoyo del SECED para crear un archivo similar.
Actualmente, el «archivo Jano» sigue mencionándose como un supuesto compendio de fichas elaborado por los servicios de inteligencia españoles que incluiría datos detallados sobre personalidades influyentes de diversos ámbitos, como la política, la justicia, la diplomacia y el empresariado. Este archivo ha sido mencionado en diversas ocasiones por el excomisario José Manuel Villarejo, quien afirma tener acceso a él y haberlo utilizado como herramienta de presión en sus enfrentamientos con el Estado y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), sucesor del SECED. Según Villarejo, el archivo contendría actualmente hasta un millón de fichas con datos personales, localizaciones, vulnerabilidades y posibles «trapos sucios» de figuras relevantes en España, lo que hace pensar que es exagerado contar con tanta gente con influencia real. También se mencionan subarchivos específicos, como el denominado «control de togas», que contendría información sobre jueces y fiscales. Villarejo sostiene que este archivo se utiliza para recopilar información comprometedora sobre figuras públicas, lo que podría servir para ejercer influencia o control sobre ellas. Sin embargo, fuentes oficiales niegan la existencia de un archivo tan extenso, aunque no su existencia, cincuenta años después de su creación.