ROAKS - CAP07a - Costa Fleming: Del local de alterne al sexy club
Costa Fleming:
Del local de alterne al sexy club
Vicky había dado una amplia explicación, en forma de monólogo, a un sorprendido Luis Gándara, únicamente interrumpida casi por los cambios de servicio entre plato y plato, en el «Lhardy»:
— En mis tiempos todo era distinto. Ahora al «local de alterne» se le llama «sexy club». Un «sexy club» es un sosegado bar en el que los clientes piden medio whisky, comentan el fraude de la leche en polvo o admiran desnudos con clase. Las chicas no beben, lo que garantiza que al menos uno de los conversadores no perderá la capacidad de hablar; tampoco pueden sentarse para evitar a los patosos reprimidos. Tienen una inmunidad que les ha conferido su capacidad de ser un oráculo casi sacerdotal, que pueden tener gracias a la madurez de la clientela y a los cubitos de hielo. En lugar de ir cómodamente vestidas, las chicas van cómodamente desnudas. Eso sí que complica su selección. Para Balenciaga, un vestido no da la elegancia a una mujer que no es elegante cuando está desnuda. —La frase fue una nueva prueba que hizo sonrojar levemente al banquero, que pensó en su anfitriona. Esta sonrió divertida. — Este trabajo de psicoanálisis consiste en hacer las preguntas justas al cliente y no omitir ninguna: si es comercial, no hablar de porcentajes; si es político, no hablar del futuro del régimen; si se dedica al campo, no hablar de la sequía. —Tal vez hablar de dinero, incitase la curiosidad del financiero. —Estar entre el papel de comentarista de radio y el de estatua supone para las chicas 3.000 pesetas diarias, que generalmente, prefieren cobrar por día. Con este nivel salarial, algunas desaparecen en pocos días, ya que solo pretenden ganar dinero fácil o necesitan una cantidad urgente. —Gándara no recordaba haber hablado de estos niveles retributivos con ningún caballero. — Este nivel de conversación lo garantizan sus estudios, siempre de grado medio o universitario: hay enfermeras, maestras, estudiantes universitarias... Fellini debe de haber influido en este ambiente de relación tranquila después de la cena. Es curioso ese momento en que el cliente se despierta por un instante de su sueño etílico y se encuentra con una joven con pajarita, lencería mínima y medias con ligas, interpretando junto a don Evaristo, catedrático de Ciencias Políticas, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia en el último siglo. Tuve un cliente, un profesor muy mayor y serio, que exigía a las chicas que se agitaran y no que divagaran con él. Hoy en día, cada vez más, las chicas Fleming divagan, pero no se agitan.
—Hace quince años, todas nosotras teníamos un drama familiar y éramos de provincias. Entrabas en este mundo porque un buen día no sabías muy bien qué hacer con tu vida, no soportabas las estrecheces económicas y, sobre todo, te agobiaba el futuro que te esperaba. Venías a la capital y, al cabo de unos meses, podías escribir a tu pueblo diciendo que tenías un buen empleo, sobre todo bien retribuido, y enviarles una parte de tu salario sin que preguntaran más detalles. Buscabas una estabilidad y la solías encontrar de una u otra manera…
—En la actualidad, aún sobreviven unos cuantos locales de la vieja escuela, los de más tradición, y te diría que son los míos. Nuestra tarifa base son actualmente unos mil euros. Tenemos chicas que trabajan por cuenta propia y otras que se agrupan en clanes entre compañeras; nuestra sociedad. Algunos dicen que somos unas lesbianas, pero creo que todo empezó como un mecanismo de defensa ante las circunstancias y los problemas comunes. Míranos ahora, no sabemos qué hacer con el dinero —bromeó, mientras encendía el siguiente Ducados después del consomé—. Actualmente son bastantes las que vienen por aquí a resolver problemas económicos urgentes de forma rápida y no las vuelves a ver. Hay menos locales, menos concurrencia y menos dinero. «La ola de erotismo que nos invade» —frase del cardenal Tarancón, tal vez— hace que ya no seamos ese lugar, prácticamente el único, donde todo era posible. Una vez, un escritor me dijo que la Costa Fleming fue como una cláusula secreta del tratado hispanoamericano de amistad; las chicas de Doctor Fleming fuimos sus víctimas: además de convivir con los bombarderos, tuvimos que acostarnos con sus pilotos. En aquella época se crearon los locales fundacionales: Plató, Aladín y Cholo's, y luego la juguetería Kokett pasó a ser un elegante salón para otros juegos. La calle Doctor Fleming fue el primer canal y su paralela, el segundo, como en la televisión, en función de una clientela segmentada por el dinero. —Hizo una pausa— Pero eso un día también empezó a cambiar; los americanos se retiraron, sustituidos por los que se apellidaban Rodríguez y tenían otros hábitos a partir de «quinientas y la cama». Había una clientela distinguida y fiel que venía todas las noches: políticos, intelectuales y financieros. También había algún chulo, más de atrezo que otra cosa, que se gastaba todo el dinero de sus chicas en ropa. Hoy en día, los chulos que quedan son taxistas o camareros y no suelen trabajar en la calle Doctor Fleming…
—Alguien sugirió a Franco que podíamos ser una industria «moderna, limpia, divertida y graciosa» y, con el tiempo, junto a Torremolinos, «el gozoso descubrimiento de que el sexo, de pago o gratuito, con suecas o gigolós, no debe estar siempre asociado al sacramento matrimonial», especialmente si los clientes son americanos y la contraprestación son dólares. Siempre en una zona estrictamente delimitada y cuyo acceso estaba controlado por tener dinero.
—La consigna ha sido, como en Las Vegas, que lo que ocurre en Doctor Fleming no salga de allí. En la práctica, el 10 % de nuestros ingresos se lo quedaba la policía para evitar redadas, abrir hasta las cuatro de la madrugada, liberar arrestos, etc. Que nuestros clientes fuesen políticos, diplomáticos, artistas conocidos, etc., tampoco animaba a ser muy eficientes en su arresto, salvo que fuese de interés por motivos políticos, claro. Para que te hagas una idea de cómo hemos evolucionado, te lo diré en dinero, que es lo que entiendes: mientras que en 1968 el 80 % de las transacciones las realizaba en dólares, hoy el 95 % las hago en pesetas. También te diré que, gracias al auge económico español, mis servicios son hoy diez veces superiores a los de entonces.
—Sobre los sobornos...
—Se lo reparten, no pregunto más. La Brigada Político-Social se encarga de ello: si pagas poco, no tienes inspecciones rutinarias; si pagas algo más, te avisan de operaciones especiales, y si eres generoso —como era el caso de Vicky—, te escoltan a los clientes. Eso no quita que realicemos redadas performativas, y que, de alguna manera, todos guardemos las apariencias: en vísperas de festividades religiosas, en locales de «la segunda cadena» y con detenciones sin consecuencias jurídicas. Al 80 % de las detenidas se les deja marchar con pagos en efectivo. Así apaciguamos a los vecinos conservadores y la imagen de autoridad queda reforzada ante la opinión pública en fechas tan señaladas. Las extranjeras reciben un trato especial; las vigilan más, no quieren redes internacionales de trata operando por aquí, ya que eso lleva a la droga a otros niveles y crea complicaciones para todos.
A parte de la amplia fimografía del Landismo, casi toda ambientanda en algún momento en la zona, es imprescindible la novela "Madrid Costa Fleming" de Angel Palomino, a quien debo mucho de lo que cuento y el personaje de la Baronesa de Corinto; tuvo su secuela cinematográfica rodada en "escenarios naturales".