ROAKS - CAP08d - Cuando Franco le dijo a Johnson que Vietnam sería un error
Cuando Franco le dijo a Johnson
que Vietnam sería un error
«Excelencia:
He rogado a mi embajador que le transmita mi sincero enjuiciamiento de la situación en Vietnam del Sur.
En los últimos meses, la agresión abierta contra el pueblo y el Gobierno de Vietnam se ha incrementado, y se han impuesto cargas muy graves a las fuerzas armadas y al pueblo vietnamita.
Durante este tiempo, como usted sabe, y debido a la firme y rígida oposición de Hanói y Pekín, no han podido tener éxito los reiterados y constructivos esfuerzos realizados por muchos gobiernos para llevar este problema a la mesa de negociaciones.
A lo largo de estos últimos días, he estado revisando la situación a la luz de informes muy recientes procedentes de mis colaboradores de mayor confianza. Aunque aún no se han adoptado decisiones definitivas, puedo decirle que parece seguro que será necesario incrementar las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en un número que podría igualar o superar los 80 000 hombres que ya se encuentran allí.
Deseo que sepa V. E. que, al mismo tiempo que realizamos este importante esfuerzo adicional, continuaremos haciendo todo el esfuerzo político y diplomático posible para abrir paso a una solución pacífica.
También continuaremos usando toda clase de prudencia y moderación para evitar que la guerra se extienda por el continente asiático. Nuestro objetivo sigue siendo que finalice toda injerencia exterior en Vietnam, de modo que su pueblo pueda decidir su propio futuro.
En esta situación, debo expresarle mi profunda convicción personal de que las perspectivas de paz en Vietnam aumentarán en la medida en que los necesarios esfuerzos de Estados Unidos cuenten con el apoyo y la colaboración de otras naciones que comparten nuestros propósitos y preocupaciones. Sé que su gobierno ya ha mostrado su interés y preocupación al conceder asistencia. Ahora le pido que considere seriamente la posibilidad de incrementar dicha asistencia mediante métodos que muestren claramente al mundo, y especialmente a Hanói, la solidaridad del apoyo internacional a la resistencia contra la agresión en Vietnam y al establecimiento de la paz en dicho país.
He pedido al embajador Duke que se ponga a su disposición para cualquier consulta que desee hacerle sobre este asunto.
Sinceramente,
Lyndon B. Johnson
PRESIDENTE DE LOS EE. UU. DE AMÉRICA»
La respuesta de Franco, leída pausadamente por Carrero:
«Mi querido presidente Johnson: …»
Mucho le agradezco el sincero enjuiciamiento que me envía de la situación en Vietnam del Sur y los esfuerzos políticos y diplomáticos que, paralelamente a los militares, los Estados Unidos vienen desarrollando para abrir paso a un arreglo pacífico. Comprendo vuestras responsabilidades como nación rectora en este momento crucial y comparto vuestro interés y preocupación, sentimientos con los que los españoles nos sentimos solidarios en todo momento. Comprendo igualmente que una retirada militar de Vietnam por parte de los Estados Unidos afectaría a todo el sistema de seguridad del mundo libre».
El almirante no miró al general, sacó un pitillo de la cajetilla, se lo puso en el labio y chascó fuertemente el viejo encendedor.
«Mi experiencia militar y política me permite apreciar las grandes dificultades de la empresa en la que os veis empeñados: la guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos subversivos indígenas, que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes de tropas muy superiores; las armas más potentes pierden su eficacia ante la atomización de los objetivos; no existen puntos vitales que destruir para que la guerra termine; las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige cuantiosas fuerzas. Con las armas convencionales se hace muy difícil acabar con la subversión. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites».
Los viejos militares se habían conocido en los años veinte en la Guerra de África: no era la selva, pero era el desierto. Sabían de lo que hablaban. Se podían ganar batallas, pero se perdían las guerras. Exhaló profundamente una bocanada de humo, lejos del general.
«Por otra parte, aun reconociendo la insoslayable cuestión de prestigio que el empeño pueda presentar para vuestro país, no se pueden pasar por alto las consecuencias inmediatas del conflicto. Cuanto más se prolongue la guerra, más fácil será que Vietnam caiga en las garras del imperialismo chino. Y aun suponiendo que se lograra debilitar al Vietcong, la acción larvada de las guerrillas perdurará por mucho tiempo, lo que implicará una ocupación prolongada del país, donde siempre seréis extranjeros. Como veis, los resultados no parecen estar en relación con los sacrificios».
España se desangró en África. Antes de la Guerra Civil hubo otros muertos que tal vez solo ellos recordaban porque seguían vivos, al igual que recordaban a los irresponsables que les habían enviado allí.
«La subversión en Vietnam, aunque a primera vista se presente como un problema militar, constituye, en mi opinión, un profundo problema político, inherente al destino de los nuevos pueblos. No es fácil para Occidente comprender la esencia y la raíz de sus cuestiones. Su lucha por la independencia ha estimulado sus sentimientos nacionalistas, y la falta de intereses que conservar y su estado de pobreza les empujan hacia el socialcomunismo, que les ofrece mayores posibilidades y esperanzas que el sistema liberal patrocinado por Occidente, que les recuerda la gran humillación del colonialismo».
Carrero dio una calada fuerte, mantuvo la respiración y comenzó a expulsar el humo lentamente. Es posible que el pensamiento nacional-sindicalista, falangista o como quieran llamarlo fuese otra vía, aunque con poco éxito. Pero estaba bien decir lo que se pensaba.
«Los países se inclinan en general al comunismo porque, aparte de su poder de captación, es el único camino eficaz que se les deja. El juego de las ayudas comunistas rusas y chinas es para ellos una cuestión de oportunidad y de provecho».
Recordar a los estadounidenses que no son los únicos oportunistas del planeta le hizo esbozar una sonrisa. ¿Acaso ellos no lo habían sido con las bases en su día?
«Es preciso no perder de vista estos hechos. Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran. Hay que trabajar con las realidades del mundo nuevo y no con quimeras. ¿No es Rusia una realidad con la que ha habido que contar? ¿No estaremos sacrificando el futuro por supuestos imperativos del presente? En mi opinión, hay que ayudar a estos pueblos a encontrar su camino político, como nosotros hemos encontrado el nuestro».
Los sucesos de los años anteriores en Vietnam del Sur habían sido especialmente desafortunados. La alegre familia Diem, apoyada por los estadounidenses, había tomado el poder. Una familia católica, arraigada en los intereses franceses remanentes y con un hermano pequeño que ejercía de jefe de una policía represora, gobernaba sobre una población mayoritariamente budista. Conclusión: revueltas, sin necesidad del Vietcong, y golpe militar. A partir de entonces, y coincidiendo con la muerte de Kennedy, hubo sucesivos golpes de generales cada vez más corruptos, apoyados por los estadounidenses, que poco podían hacer. Carrero volvió a sonreír sin mirar a Franco: «Desde luego, no acertáis apoyando al caballo ganador».
«Ante los nuevos hechos, no es posible mantener la rigidez de las viejas posiciones. Una cosa es lo que puedan acordar las grandes naciones en Ginebra y otra muy distinta es que tales decisiones agraden a los pueblos. Es difícil defender en el futuro y ante los ojos del mundo esa división artificial de los países que, si bien pudo ser una conveniencia momentánea, dejará siempre abierta la aspiración a la unidad».
Se suponía que en 1964 se deberían haber convocado elecciones y que se habría avanzado hacia la unificación, cosa que no sucedió.
«Comprendo que el problema es muy complejo y que está presidido por el interés estadounidense de defender a las naciones del sudeste asiático de la amenaza comunista, pero, siendo esta de carácter eminentemente político, no desaparecerá solo con la fuerza de las armas.
Al observar los sucesos desde esta área europea, es posible que nos equivoquemos. No obstante, guardamos la esperanza de que todo pueda solucionarse, ya que, en el fondo, los principales actores aspiran a lo mismo: Estados Unidos quiere evitar la expansión del comunismo chino por el sudeste asiático; los países del sudeste asiático quieren mantener a China lo más alejada posible de sus fronteras; Rusia, por su parte, quiere evitar que su futura rival, China, siga creciendo, y Ho Chi Minh quiere unir Vietnam en un Estado fuerte y evitar que China lo absorba.
No conozco a Ho Chi Minh, pero, por su historia y su empeño en expulsar primero a los japoneses, después a los chinos y más tarde a los franceses, hemos de concederle el crédito de patriota, alguien a quien no puede dejar indiferente la aniquilación de su país. Y, dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría, sin duda, ser el hombre que Vietnam necesita en este momento.
El tío Ho había solicitado este apoyo a los estadounidenses, que ni siquiera se habían molestado en contestar a su carta.
«En este interés superior de salvar al pueblo vietnamita y a los pueblos del sudeste asiático, creo que vale la pena que todos sacrifiquen algo.
He querido haceros estas reflexiones confidenciales, mi querido Presidente, en el lenguaje directo de la amistad. Aunque sé que muchas están en vuestro ánimo, os expongo lealmente mi juicio con el propósito de ayudar al mejor servicio de la paz y del futuro de los pueblos asiáticos.
Su buen amigo, Francisco Franco, Jefe del Estado español».